
La verdadera alimentación del niño comienza en el desayuno, si bien hay niños y jóvenes que se lo saltan, lo cual es un grave error. Para empezar, no debemos olvidar que algunas investigaciones indican que el rendimiento escolar bajo se relaciona con niños que desayunan poco o nada. Además, los últimos estudios sobre obesidad infantil establecen una clara relación entre la esa dolencia y la costumbre de saltarse el desayuno. ¿Cómo es posible?, se preguntará. Tenga en cuenta que entre la cena y el desayuno pasan una gran cantidad de horas sin que el cuerpo reciba ningún alimento. Así que, cuando una persona elimina esta comida, el cuerpo reacciona almacenando una gran cantidad de calorías para poder sobrellevar los posibles periodos de ayuno, con lo que se favorece la aparición de obesidad. Lo peor es que en muchos casos la falta de desayuno se suple con bollería industrial a media mañana, es decir, con una gran cantidad de azúcares y grasas: una combinación explosiva, que favorece sin duda, un desequilibrio nutricional.
Unas ideas para organizar bien el desayuno :
Hay que favorecer un ambiente familiar relajado, sin gritos, ni prisas.
El desayuno, al igual que el resto de comidas, debe hacerse con los comensales sentados en la mesa. Si toda la familia puede realizarlo junta, tanto mejor.
El niño debe familiarizarse desde pequeño con los alimentos más adecuados para el desayuno: los productos lácteos (leche o yogures sin azúcar), los derivados de cereales (como el pan, las galletas o los cereales de desayuno) y la fruta (en zumo, entera). No hay razón alguna para evitar la ingesta de grasas untables como la mantequilla o margarina, aunque puede enseñar a su hijo a comer unas agradables tostadas con aceite de oliva.
Obviamente para realizar este tipo de desayuno es necesario tiempo, así que intente sacarlo. Ahora bien, una posible alternativa es repartir la ingesta de los alimentos que hemos comentado entre el desayuno y el recreo a media mañana.
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